La autoexcusa: la forma más elegante de no cambiar

No siempre es el miedo lo que te frena. A veces es algo más silencioso, más cómodo y mucho más peligroso: la autoexcusa. No llega como una rendición. Llega como una explicación razonable. Como una frase bien construida que te permite seguir igual sin sentirte culpable. “Ahora no es el momento.” “Todavía no tengo claro qué quiero.” “Cuando esté más preparado.” Y así pasan los días. Y así se va la vida. La autoexcusa no te rompe. Te adormece. Te mantiene funcional mientras te aleja de ti mismo sin que lo notes. No duele al principio. Duele después, cuando miras atrás y entiendes que sabías exactamente lo que tenías que hacer… pero preferiste justificarte antes que asumir el coste de cambiar. Duele darte cuenta de que no te faltaba fuerza. Te faltó honestidad contigo. La libertad no empieza cuando todo encaja. Empieza cuando dejas de negociar con lo que ya sabes. Cuando renuncias a seguir explicándote y te permites, por fin, actuar desde la claridad. Ese momento no es épico. Es silencioso. No hay aplausos ni alivio inmediato. Pero es real. Porque cuando cae la autoexcusa, ya no queda nadie a quien engañar. Y en ese punto —incómodo, desnudo, sin coartadas— empieza la vida que estabas evitando.

NEXUM.MIND

12/13/2025